Los antecedentes básicos sobre las lenguas de signos
en España se inician, desde el punto de vista educativo, en el siglo XVI,
cuando los monjes emprendieron la labor de educar a niños sordos.
En el siglo XVII la metodología cambia, y así D.
Manuel Ramírez de Carrión utilizó la pedagogía de su época para instruir a los
niños, preparándoles para que se integraran en la sociedad.
En la segunda mitad del siglo XVIII, D. Lorenzo
Hervás y Panduro publica su tratado: "Escuela española de
sordomudos o arte para enseñarles a escribir y hablar el idioma español",
que supone un hito fundamental en el esfuerzo pedagógico para la integración de
las personas sordas.
En el siglo XIX, con el establecimiento en España de
los primeros colegios de sordomudos y ciegos, se posibilita la
institucionalización de la educación de las personas sordas, ciegas y
sordociegas, con la consecuencia de la interacción lingüística y social entre
ellas, así como del inicio del desarrollo sistematizado de las portolenguas de
signos española y catalana.
El último cuarto del siglo XX supuso la
reivindicación de las lenguas de signos española y catalana como los
instrumentos de comunicación propios de las personas sordas que optan
libremente por alguna de ellas
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